Acamoto: el turismo sí, el desorden no, precisa Marisol Bazán


José de la Paz Pérez

En Acapulco hay algo que ya no se puede esconder ni maquillar. Mucha gente está cansada del Acamoto. Y no porque estén en contra de las motos, ni del turismo, ni de que venga gente de otros estados a disfrutar del puerto. El problema es otro: el desorden que cada año deja este evento.

La diputada local de Morena, Marisol Bazán Fernández, dijo algo que mucha gente piensa, pero pocos se atreven a decir tan claro: “parece un día donde hay permiso de romper cualquier ley sin consecuencias”. Y la verdad es que así se siente.

Porque durante el Acamoto no sólo llegan motociclistas. También llegan los excesos. Las carreras en plena Costera, el alcohol en la vía pública, los accidentes, los bloqueos, el ruido a todas horas y los actos vandálicos que terminan afectando a los propios acapulqueños, enumeró la legisladora de Morena.

No es una percepción inventada. Ahí están los reportes de muertos, heridos, detenidos y toneladas de basura que ha dejado este evento en sus últimas ediciones.

Y aquí hay algo importante, dice Marisol Bazán: la mayoría de la gente no está pidiendo que se cierre Acapulco o que se prohíba la entrada a los motociclistas. Eso simplemente no se puede hacer.

La propia diputada lo reconoce. Nadie puede decir “ninguna moto entra al puerto”. Sería absurdo y hasta ilegal.

Pero una cosa es recibir turistas y otra muy distinta permitir que durante varios días no exista autoridad, agrega la legisladora.

Ese es el punto de fondo, dice.

Porque cuando cualquier ciudadano rompe la ley, hay consecuencias. Entonces, ¿por qué durante el Acamoto muchos sienten que pueden hacer lo que quieran? Ahí está el enojo social. Y también el desgaste para Acapulco.

Durante años se vendió la idea de que el Acamoto dejaba mucha derrama económica. Y sí, claro que hay hoteles, restaurantes y comercios que venden más. Nadie niega eso.

Pero también hay una factura que paga la ciudad: accidentes, inseguridad, daños a la imagen turística y familias en riesgo, porque saben que salir a la Costera en esos días es un verdadero peligro.

Eso también cuesta.

Por eso las declaraciones de Marisol Bazán coinciden con una parte importante de la población. Porque expresó algo sencillo: “sí queremos turistas, pero Acapulco merece respeto”.

Y tiene razón.

El puerto necesita turismo, necesita movimiento económico y necesita eventos. Pero no necesita que el turismo venga acompañado de caos.

El visitante que aprecia Acapulco, que consume, que disfruta y respeta, siempre será bienvenido. El problema es el que viene pensando que el puerto es tierra sin ley, precisó Marisol Bazán.

Ahí es donde las autoridades tienen que actuar.

No con persecución ni con discursos exagerados. Simplemente aplicando la ley igual para todos. Si alguien comete un delito, se sanciona. Si alguien pone en riesgo a otros, se detiene. Si alguien altera el orden, debe asumir consecuencias. Tan sencillo como eso.

Porque el verdadero debate ya no es si hay o no Acamoto. El debate es qué tipo de turismo quiere Acapulco para reconstruir su imagen y recuperar la tranquilidad.

Y en esa discusión, cada vez más ciudadanos parecen coincidir en algo: el turismo sí… pero el desorden ya no, concluyó la diputada de Morena.
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