Suspirantes sin proyecto


José de la Paz Pérez /  

En Guerrero ya comenzó la carrera rumbo al 2027, pero lo preocupante no es la anticipación de los tiempos políticos, sino la pobreza del debate público. 

La mayoría de quienes aspiran a gobernar el estado no están construyendo una visión de futuro; están construyendo relaciones, acuerdos, pactos internos y cálculos de supervivencia.

Hoy, buena parte de los aspirantes parece más ocupada en medir quién aparece mejor en encuestas —reales, infladas o simplemente fabricadas para consumo mediático— que en presentar soluciones concretas a los problemas históricos de Guerrero. 

Otros dedican sus esfuerzos a tejer alianzas internas, acomodarse en grupos de poder o esperar la famosa “bendición de allá arriba”, esa señal política que, especialmente en Morena, puede terminar definiendo candidaturas más que cualquier trayectoria o capacidad.

El problema es que mientras la clase política juega a las vencidas internas, en Guerrero hay muchos pendientes, no obstante el gran esfuerzo y los resultados positivos del gobierno de Evelyn Salgado Pineda y, para buscar abonar y mejorar nuestra realidad, los discursos vacíos ya no alcanzan.

En Morena, donde realmente se definirá la gubernatura por el enorme peso electoral que mantiene el partido, abundan los nombres, pero escasean las propuestas. 

Hay operadores, hay grupos, hay equipos de propaganda, pero muy pocos proyectos de estado. Por eso llama la atención el caso de la diputada Guadalupe Eguiluz Bautista, quien al menos ha intentado erigirse con una propuesta distinta alrededor de una plataforma denominada “Plan G” o “Plan Guerrero”... o "Plan Guadalupe", para sus seguidores.

De acuerdo con lo presentado públicamente por la legisladora, este proyecto busca articular infraestructura, desarrollo regional, fortalecimiento del campo, caminos rurales, inversión productiva y coordinación entre los distintos niveles de gobierno para detonar la economía estatal. 

El planteamiento de Guadalupe Eguiluz incluye ideas como impulsar un tren de carga, fortalecer el puerto de altura y conectar las regiones productivas de Guerrero para generar empleo formal y desarrollo económico.

Podrá discutirse si el plan es viable o si tiene profundidad técnica, pero al menos existe un intento de colocar temas concretos sobre la mesa. Y eso ya representa una diferencia notable en medio de una competencia política dominada por slogans, selfies, espectaculares y operaciones frívolas de posicionamiento.

LA OPOSICIÓN, BORRADA

La oposición, mientras tanto, atraviesa quizá uno de sus peores momentos históricos en Guerrero. PAN, PRI y PRD parecen vivir todavía en la lógica del viejo régimen: creen que atacar diariamente al gobierno federal o lanzar campañas contra la presidenta Claudia Sheinbaum les generará automáticamente simpatías ciudadanas.

No han entendido que el electorado cambió hace años.

La ciudadanía ya no premia únicamente la crítica; exige alternativas. Y hoy la oposición guerrerense carece precisamente de eso: proyecto, liderazgo y credibilidad. Sus discursos se concentran en el desgaste del oficialismo, pero no logran conectar con una sociedad que sigue identificando a esos partidos con décadas de corrupción, abandono y privilegios.

Mientras Morena disputa internamente quién será el heredero o heredera del movimiento en Guerrero, la oposición ni siquiera parece competir por el poder real. Compite apenas por sobrevivir políticamente.

Y así, el escenario rumbo al 2027 empieza a dibujarse con claridad: una batalla interna en Morena donde muchos buscan padrinos, muy pocos presentan ideas y casi nadie se atreve a discutir seriamente el futuro del estado.

Porque en Guerrero sobran aspirantes.
Lo que faltan son estadistas.

Artículo Anterior Artículo Siguiente

Lo nuevo