José de la Paz Pérez /
En la política de Acapulco hay nombres que aparecen de manera recurrente, no por casualidad, sino por la historia acumulada en el territorio. Uno de ellos es el de Rosario Merlín García, una figura que forma parte de la memoria política del puerto.
Hoy su nombre vuelve a sonar en el contexto de las definiciones internas de Morena rumbo a la elección para la alcaldía de Acapulco, lo que obliga a mirar con calma su trayectoria, sus fortalezas y también los cuestionamientos que la han acompañado.
El origen de Rosario Merlín está en el magisterio, en las aulas, en la formación de generaciones de niñas y niños acapulqueños. Durante más de tres décadas fue docente y posteriormente directora de una institución educativa.
Ese paso por la educación pública le permitió construir relaciones sociales reales, no sólo políticas, sino comunitarias. Esa base explica, en buena medida, el arraigo que mantiene en colonias populares del puerto.
Su salto a la política ocurrió en el PRD, como muchos cuadros que surgieron de movimientos sociales en Guerrero. Desde ahí ocupó cargos organizativos y posteriormente llegó al Congreso local entre 1999 y 2002.
Más tarde alcanzó la Cámara de Diputados federal en distintas etapas, donde participó en comisiones relacionadas con presupuesto, economía social y desarrollo comunitario. No es una improvisada: conoce la estructura legislativa y el funcionamiento de la administración pública.
En 2017 se incorporó a Morena, como parte de la migración política que acompañó el ascenso del nuevo partido. Desde entonces, su nombre ha aparecido en distintos momentos cuando se habla de candidaturas en Acapulco, particularmente para la presidencia municipal.
Eso revela algo importante: tiene estructura, tiene presencia y mantiene interlocución con sectores sociales que no siempre están en el radar de la política mediática.
Pero una trayectoria larga también trae consigo controversias. Rosario Merlín ha enfrentado episodios de debate público, desde conflictos sindicales y con padres de familia hasta procesos legales de los que posteriormente salió con su nombre limpio.
Son capítulos que forman parte de su historia y que, inevitablemente, entran en la evaluación ciudadana. En política, la memoria pesa tanto como la experiencia.
Hoy, en el contexto de las definiciones rumbo a los próximos procesos electorales, su perfil vuelve a estar presente.
No es la única aspirante, ni tampoco tiene el camino despejado. En Morena hay competencia interna, hay grupos, hay liderazgos emergentes y hay una ciudadanía cada vez más exigente. En ese escenario, factores como el trabajo territorial, el reconocimiento ciudadano y la capacidad de construir acuerdos serán decisivos.
Rosario Merlín representa un tipo de liderazgo tradicional de izquierda: formación docente, trabajo comunitario, experiencia legislativa y presencia en territorio.
La pregunta no es si tiene trayectoria —porque la tiene—, sino si esa trayectoria conecta con el momento político actual de Acapulco. La respuesta, como siempre, no la darán los partidos, sino la gente.
