Félix y Bety, la "cascarita" que Morena necesitaba



José de la Paz Pérez
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En tiempos donde la política suele endurecerse por las aspiraciones anticipadas, una cancha de futbol en Guerrero terminó enviando uno de los mensajes más importantes para Morena rumbo al futuro inmediato: la unidad no puede convertirse en discurso vacío.

La imagen fue sencilla, pero políticamente poderosa. Beatriz Mojica Morga y Félix Salgado Macedonio jugando futbol, compartiendo paletas de hielo, repartiendo fruta y riéndose frente a familias enteras en la cancha “Niños Felices”.

Nada extraordinario… salvo el momento político que vive el partido.

Porque mientras comienzan a moverse los nombres rumbo a la gubernatura, Morena enfrenta un desafío distinto al de otros tiempos. Hoy no parece estar en riesgo la competitividad electoral del movimiento en Guerrero. La verdadera prueba será evitar las fracturas internas.

Por eso tuvo peso escuchar a Félix Salgado decir:

“La gubernatura la va a ganar Morena, no hay duda. Sea quien sea la candidata o el candidato, nosotros vamos a respaldar”.

Y también escuchar a Beatriz Mojica responder desde la misma lógica:

“Siempre estamos platicando. Somos paisanos, somos amigos de la lucha. Vamos a seguir platicando, dialogando. Siempre la unidad por delante y Guerrero”.

En política, las formas importan. Y las escenas del sábado enviaron señales que muchos dentro de Morena necesitaban observar.

Hubo porras mutuas. Hubo reconocimiento público. Hubo compañerismo. Incluso los partidos terminaron empatados. Nadie ganó solo. Nadie perdió.

Parece anecdótico, pero no lo es.

En los últimos años, Morena ha aprendido que muchas veces el desgaste no viene de la oposición, sino de las disputas internas que terminan lastimando liderazgos, debilitando estructuras y generando resentimientos difíciles de cerrar.

Por eso la cascarita en “Niños Felices” tuvo lectura política.

No porque definiera candidaturas. No porque resolviera sucesiones. Sino porque mostró algo que hoy resulta indispensable: disposición al diálogo.

También fue importante el reconocimiento de Mojica hacia el rescate de la cancha impulsado por Salgado Macedonio.

“Esto es extraordinario. Rescató todo este lugar y hoy beneficia a los vecinos. Es un espacio deportivo y de convivencia”.

Ese tipo de gestos ayudan a bajar presión al ambiente político cuando comienzan las especulaciones y los grupos internos suelen encerrarse en la confrontación.

Morena llega fuerte rumbo al futuro electoral de Guerrero. Más fuerte que cualquier otra fuerza política en el estado. Pero justamente por eso el reto cambia: no basta con tener ventaja; los morenistas deben saber administrarla, sin divisiones.

Porque las elecciones se ganan con encuestas y con operación política, cohesión y madurez.

Al final, entre risas, ambos resumieron todo con una frase que terminó retratando el verdadero mensaje del encuentro:

“Todos metimos gol. Nadie salió lastimado. Quedamos 3-3”.

Quizá ahí estuvo la mejor definición de la tarde.

Empatar, a veces, también es una forma inteligente de ganar.


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