José de la Paz Pérez /
El 2025 no fue un año sencillo. Hubo días difíciles, momentos de incertidumbre, pérdidas que dolieron y batallas que parecían interminables.
En más de una ocasión sentimos cansancio, miedo o frustración. Sin embargo, hoy, al mirar atrás, hay una verdad que se impone por encima de todo: seguimos aquí, estamos vivos, y eso es una gran victoria (parafraseando a Kaliman).
Estar vivos significa que todavía hay oportunidades, que el corazón sigue latiendo y que cada amanecer trae consigo la posibilidad de volver a empezar.
En medio de los problemas, aprendimos que no todo se mide en éxitos convencionales (visibles) ni en bienes materiales. Aprendimos que la salud es un tesoro que únicamente se valora plenamente cuando se pone en riesgo, y que sin ella, cualquier otro logro pierde sentido.
Este año también nos recordó la importancia de la paz y la tranquilidad. De cuidar nuestra mente, nuestro espíritu y nuestros vínculos. De alejarnos, cuando sea posible, de lo que nos roba la calma, y acercarnos a lo que nos da equilibrio: la pareja, la familia, los amigos, la solidaridad y la fe —cada quien desde su propia forma de creer— en que las cosas pueden mejorar.
De cara al 2026, que nuestros propósitos y peticiones vayan más allá de lo material. Que pidamos salud para nosotros y para quienes amamos, paz en nuestros hogares, serenidad para enfrentar los retos y fuerza para seguir adelante.
Que no olvidemos el valor de servir a los demás, de tender la mano, de escuchar, de ser empáticos en un mundo que tantas veces va demasiado rápido y con poca sensibilidad.
Que el nuevo año nos encuentre con más humanidad, con más conciencia y con un corazón dispuesto a agradecer lo vivido, incluso lo que dolió, porque también nos hizo crecer. Cerramos 2025 con cicatrices, sí, pero también con aprendizaje y esperanza.
Y eso, sin duda, es un buen punto de partida para lo que viene.
Cuando las cosas salgan bien, agradezcamos; cuando salgan mal, agradezcamos y además digamos en nuestros adentros: "Así es la vida", porque sí, aunque no creamos, exactamente así... así es la vida.
¡Venga 2026!
