Una bomba se cierne sobre Morena Guerrero


José de la Paz Pérez

La pregunta es: ¿qué va a pasar el día después de que se conozca al candidato o candidata de Morena a la gubernatura de Guerrero?

Porque la verdadera prueba no será la encuesta, ni el registro de aspirantes, ni los recorridos por el estado. La verdadera prueba llegará cuando Morena tenga que decir quién ganó y quién perdió. 

Y ahí es donde aparece una bomba que amenaza con caer sobre el partido gobernante.

Porque hoy existen varios personajes convencidos de que tienen argumentos suficientes para quedarse con la candidatura. El problema es que todos creen tener razón.

Las corcholatas

Por un lado está el senador Félix Salgado Macedonio. Nadie puede negar que posee una estructura territorial construida durante décadas, un amplio nivel de conocimiento en prácticamente todas las regiones del estado y una base de simpatizantes que sigue siendo una de las más sólidas dentro de Morena. 

Además, diversas mediciones colocan al "Toro sin cerca" entre los perfiles más competitivos de la contienda interna. Sin embargo, también enfrenta obstáculos derivados de la política nacional contra el nepotismo impulsada por Morena, considerando que la actual gobernadora es su hija.

Del otro lado aparece la senadora Beatriz Mojica Morga, quien probablemente vive el mejor momento político de su carrera. Su licencia al Senado confirmó que va con todo por la candidatura y dentro de Morena es vista como una figura que ha crecido de manera constante en los últimos años. 

Tiene experiencia electoral, fue candidata a gobernadora en 2015, mantiene relaciones políticas nacionales y representa una opción que podría resolver el debate de género si la candidatura fuera reservada para una mujer.

Y luego está Abelina López Rodríguez. Su reciente solicitud de licencia al gobierno municipal de Acapulco indica que no piensa quedarse como espectadora. Abelina ha demostrado a lo largo de su trayectoria una capacidad singular para alcanzar objetivos políticos que muchos consideraban imposibles. Quienes la conocen saben que no es una aspirante que se retire fácilmente ni que acepte derrotas sin dar batalla.

A ellos se suman perfiles como Esthela Damián Peralta, cuya principal fortaleza son sus conexiones en los círculos nacionales de decisión; la diputada Guadalupe Eguiluz Bautista, que busca consolidarse como una alternativa emergente, y quien tiene la propuesta de trabajo más visible: El Plan G.

La unidad en riesgo

La propia dirigencia nacional reconoce que en Guerrero existe una de las competencias internas más intensas del país.

El problema es que las aspiraciones han crecido tanto que el margen para procesar una derrota se reduce cada día.

Porque una cosa es pedir unidad antes de la encuesta y otra muy distinta es mantenerla después.

¿Qué hará Félix si la candidatura termina en manos de una mujer? ¿Qué hará Beatriz si las mediciones favorecen a otro perfil? ¿Qué hará Abelina si considera que el proceso no reflejó la fuerza que cree tener? ¿Qué harán los equipos que llevan meses construyendo estructuras, gastando capital político y generando expectativas?

La dirigencia nacional parece haber entendido el riesgo. De hecho, en distintos estados se han realizado reuniones para establecer reglas y contener fracturas internas antes de que estallen los conflictos.

Sin embargo, Guerrero tiene características especiales. Aquí las disputas políticas suelen ser más intensas, más personalizadas y más difíciles de reconciliar.

Por eso la segunda pregunta ya no es quién ganará la candidatura, sino ¿quién perderá y cómo reaccionará?

Y si Morena quiere conservar Guerrero en 2027, la dirigencia nacional tendrá que actuar con enorme cuidado. No se trata de evitar inconformidades, porque eso es imposible. Se trata de administrar daños y escoger, como suele decirse en política, el menor de los males.

La bomba está colocada.

Ahora falta saber si alguien encontrará la forma de desactivarla antes de que llegue el momento de anunciar al ganador.

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