José de la Paz Pérez /
La reunión celebrada esta semana en Acapulco entre la dirigencia nacional de Morena, encabezada por Ariadna Montiel Reyes, y Citlalli Hernández Mora, titular de la Comisión de Alianzas y Elecciones, con los principales aspirantes a la candidatura al gobierno de Guerrero, dejó más preguntas que respuestas.
El encuentro se desarrolló bajo un inusual hermetismo, con controles de acceso, resguardo de teléfonos celulares y una narrativa oficial centrada en una sola palabra: unidad. Sin embargo, cuando un partido necesita insistir tanto en la unidad, generalmente es porque existen tensiones reales debajo de la superficie.
Lo primero que revela el cónclave es que Morena decidió adelantar los tiempos políticos.
La convocatoria para elegir a quien será coordinador o coordinadora de la Defensa de la Transformación en Guerrero está prácticamente a la vuelta de la esquina, y la dirigencia nacional busca evitar que la competencia interna se convierta en una guerra de grupos.
No es casualidad. En diversas entidades donde habrá elecciones para gobernador en 2027, Morena enfrenta disputas anticipadas entre senadores, alcaldes, funcionarios federales y liderazgos regionales, situación que ha obligado a Ariadna Montiel y Citlalli Hernández a intervenir personalmente para fijar reglas y contener fracturas.
Es el precio que se tiene que pagar por ser el partido con más intención del voto en la mayor parte del territorio mexicano.
En Guerrero, el escenario más visible sigue teniendo como protagonista al senador Félix Salgado Macedonio.
Aunque las nuevas reglas contra el nepotismo parecían cerrar la puerta a una eventual continuidad familiar tras el gobierno de Evelyn Salgado, su presencia en la reunión confirma que sigue siendo un actor central dentro del movimiento.
Nadie convoca a una mesa de definición sucesoria a quien considera políticamente descartado. Su capital político, estructura territorial y capacidad de movilización continúan siendo factores que la dirigencia nacional no puede ignorar.
Sin embargo, también sería un error interpretar el encuentro como una señal de que Salgado Macedonio lleva ventaja definitiva.
La propia conducción nacional de Morena ha insistido en que las candidaturas deberán surgir de encuestas, evaluaciones políticas y filtros éticos más rigurosos que en procesos anteriores.
Ariadna Montiel y Citlalli Hernández han construido un discurso orientado a combatir el nepotismo, evitar candidaturas polémicas y privilegiar perfiles competitivos y con capacidad de gobernar.
Por ello, el segundo escenario apunta hacia una candidatura de equilibrio.
Ahí aparecen nombres como la senadora Beatriz Mojica, quien ha mantenido presencia estatal y cuenta con experiencia electoral; el rector Javier Saldaña Almazán, cuyo control de importantes sectores universitarios le otorga influencia política; e Iván Hernández Díaz, identificado con la estructura de programas sociales que históricamente ha sido uno de los pilares electorales de Morena en Guerrero.
¿Y por qué no Guadalupe Eguiluz, también invitada al cónclave y que se ha ganado el derecho a estar en la cuesta en base a su crecimiento en popularidad?
Existe además un tercer escenario, quizá menos comentado pero políticamente viable: que la dirigencia nacional privilegie un perfil externo a las corrientes tradicionales de Morena en Guerrero.
La historia reciente del partido demuestra que cuando las disputas internas amenazan con dividir a los grupos locales, la decisión suele trasladarse al centro.
En otras palabras, la candidatura podría recaer en alguien que no sea el favorito de ninguna de las facciones, pero que resulte aceptable para todas. Esa posibilidad explicaría el interés de la dirigencia nacional por asumir directamente la conducción del proceso.
Lo verdaderamente importante es que Morena enfrenta en Guerrero una prueba distinta a la de 2021. Entonces, el partido tenía el impulso de una ola nacional y una oposición fragmentada.
En 2027, el desafío será administrar el desgaste natural del poder, mantener cohesionados a grupos con ambiciones legítimas y evitar que la definición de la candidatura provoque rupturas internas.
La oposición sigue sin mostrar un liderazgo dominante, pero la principal amenaza para Morena no parece estar fuera del partido, sino dentro de él mismo.
La reunión de Acapulco dejó una certeza: la sucesión guerrerense ya comenzó.
Y aunque todos los asistentes salieron hablando de unidad, el verdadero mensaje fue otro. La dirigencia nacional llegó a Guerrero para recordar que la decisión final no se tomará en los mítines, ni en las redes sociales, ni en los grupos de poder locales.
Se tomará en las encuestas, en las negociaciones políticas y, sobre todo, en la capacidad de cada aspirante para convencer a la dirigencia de que puede garantizar algo que hoy preocupa más que nunca a Morena: ganar sin romper al movimiento.
Porque una cosa es segura: de la nominación interna de Morena saldrá el próximo gobernador de Guerrero.
