José de la Paz Pérez /
*En la víspera de la contienda por la gubernatura de Guerrero en 2027, hay movimientos que, aunque previsibles, no dejan de ser estratégicamente determinantes
El anuncio del senador Félix Salgado Macedonio de retomar su trabajo en territorio, tras concluir el periodo ordinario en el Senado, no es una simple reanudación de agenda: es la reafirmación de una lógica política que en Morena ha sido constante, pero que pocos ejecutan con la misma eficacia.
Salgado Macedonio no parte de cero. Su nombre figura desde ahora como el más posicionado entre quienes aspiran a coordinar la Defensa de la Transformación en Guerrero.
Sin embargo, en política —y más en un estado como Guerrero— la popularidad es un activo que se erosiona si no se alimenta. Por eso, su decisión de iniciar recorridos en Acapulco y extenderlos posteriormente a otras regiones no es un gesto protocolario, sino una apuesta por consolidar una ventaja que ya tiene, pero que sabe debe sostener en el contacto directo con la ciudadanía.
En ese contexto, su mensaje de apertura hacia otros aspirantes dentro de Morena no es menor.
Al dar la bienvenida a quienes buscan la misma coordinación, reconoce que el partido cuenta con cuadros diversos y valiosos, y al mismo tiempo envía una señal de cohesión interna.
“Llegue quien llegue, será bueno”, dijo. La frase, en apariencia conciliadora, también revela una acción de disciplina partidista: la competencia es válida, pero el proyecto está por encima de las individualidades.
Esta postura se alinea con la directriz marcada desde la presidencia por Claudia Sheinbaum Pardo, quien ha insistido en la importancia del trabajo territorial como eje fundamental del movimiento. No es casual que Salgado Macedonio subraye que su regreso a las comunidades responde a esa instrucción.
En Morena, la política no se entiende desde la distancia institucional, sino desde la cercanía con la gente; esta es la verdaddera campaña.
Pero más allá del discurso, hay un dato que no podemos pasar por alto: quien recorre, escucha y se deja ver, construye presencia real.
En Guerrero, donde las dinámicas sociales y políticas están profundamente arraigadas en lo local, el territorio no es un complemento de la estrategia; es la estrategia misma. Y en ese terreno, Salgado Macedonio ha demostrado, en el pasado, una capacidad que hoy busca revalidar.
Su gira, entonces, tiene varias lecturas simultáneas.
Por un lado, fortalece su posicionamiento frente a otros aspirantes; por otro, legitima su liderazgo dentro de la base social del partido; y finalmente, proyecta la imagen de un político que no espera los tiempos formales para activar su estructura, sino que se anticipa a ellos.
En política, las encuestas abren puertas, pero son los recorridos los que las mantienen abiertas. Félix Salgado Macedonio parece entenderlo con claridad: la popularidad se mide, pero la cercanía se construye.
Y en esa construcción, cada visita, cada reunión y cada saludo cuentan como piezas de una historia que, rumbo a 2027, apenas comienza a escribirse.

