La música que siembra futuro: una noche para la niñez en Acapulco

José de la Paz Pérez

Acapulco, Gro., 30 de abril de 2026.- La música, cuando se comparte con la infancia, deja de ser únicamente un arte para convertirse en una experiencia que marca, que despierta y que transforma. Así ocurrió la noche del miércoles, cuando la Orquesta Filarmónica de Acapulco llegó al Instituto Sócrates con un concierto didáctico que no únicamente se escuchó: se vivió.

En el marco de la celebración del Día de la Niñez, el gobierno encabezado por Evelyn Salgado Pineda, a través de la Secretaría de Cultura Guerrero, ofreció a niñas, niños y jóvenes un regalo que trasciende lo inmediato: el encuentro con la música sinfónica.

Bajo la dirección del maestro Bartholomeus Henri Van de Velde, el repertorio tejió un puente entre lo cercano y lo universal. Sonaron melodías de películas que arrancaron sonrisas de reconocimiento, piezas con raíces guerrerenses que evocaron identidad, y obras del repertorio clásico que introdujeron a los estudiantes en un universo sonoro muchas veces distante de su cotidianidad.

Pero más allá de las notas, el verdadero concierto ocurrió en la emoción compartida. 

Desde preescolar hasta preparatoria, los alumnos vivieron su primer acercamiento con una orquesta sinfónica dentro de su propia escuela. 

La música se convirtió en lenguaje común: escucharon con atención, aprendieron sobre compositores y comprendieron que detrás de cada obra existe una historia, una intención y una voz.

Uno de los momentos más significativos fue el reconocimiento al talento local. La interpretación de la Obertura no. 1 “Romance”, del joven compositor acapulqueño Oliver Martínez Ramos, permitió que los estudiantes vieran reflejado en el escenario un futuro posible: el de quienes crean desde su tierra para el mundo.

La velada también abrió espacio a nuevas voces. El joven cantante Dante Alarcón Catalán, alumno de la Escuela de Música Staccato, sumó su talento a una noche donde la formación artística se mostró como camino y horizonte.

Entre aplausos, cantos espontáneos y miradas encendidas de curiosidad, la figura del director se volvió puente entre la orquesta y el público. Con cercanía y entusiasmo, el maestro Van de Velde no sólo dirigió, sino que dialogó con los estudiantes, convirtiendo cada pieza en una experiencia comprensible, cercana y profundamente humana.

Este tipo de encuentros no son eventos aislados, sino parte de una política cultural que reconoce en la niñez y la juventud el punto de partida para la transformación social. Acercar el arte no es un gesto simbólico: es una apuesta de fondo por el desarrollo integral, por la sensibilidad y por la construcción de comunidad.

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