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Revista Acapulco

PRD: el partido que le falló a Cuauhtémoc Cárdenas


José de la Paz Pérez / 

Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano ayudó a construir uno de los instrumentos políticos más importantes de la izquierda mexicana, pero terminó alejándose de él. 

Esa es quizá una de las mayores paradojas de su trayectoria: el Partido de la Revolución Democrática (PRD) nació de la ruptura que él encabezó con el viejo régimen, pero con el paso de los años fue el propio PRD el que terminó alejándose de Cárdenas y de buena parte de las ideas que dieron origen al partido.

El PRD nació en 1989 como consecuencia directa del movimiento que un año antes había sacudido al sistema político mexicano. 

El Frente Democrático Nacional, encabezado por Cárdenas en la elección presidencial de 1988, había reunido a corrientes de izquierda, nacionalistas, socialistas y sectores provenientes del propio PRI que cuestionaban el autoritarismo y exigían una verdadera democratización. 

La posterior fundación del PRD convirtió aquella ruptura en una organización política permanente. Cárdenas no solamente fue su fundador: fue el principal referente moral y político de aquel proyecto.


Pero el partido que surgió alrededor de Cárdenas comenzó a experimentar con el tiempo una transformación profunda. Las corrientes internas, las disputas por candidaturas, los grupos de poder y la lucha por posiciones electorales fueron desplazando progresivamente el debate sobre el proyecto nacional. 

La ambición ganó la partida entre sus líderes, léase Los Chuchos y compañía.

El PRD consiguió triunfos históricos —entre ellos la primera elección de Cárdenas como jefe de Gobierno del Distrito Federal en 1997—, pero también comenzó a reproducir algunas de las prácticas de la política tradicional que precisamente había nacido para combatir.

Cárdenas terminó siendo una figura incómoda dentro de su propio partido. Su concepción de la política estaba vinculada con principios que consideraba irrenunciables: democracia, soberanía nacional, defensa de los recursos estratégicos, justicia social y una izquierda con identidad propia. 

Frente a ello, el PRD fue adquiriendo una dinámica cada vez más dominada por sus distintas corrientes internas. 

El partido que había nacido alrededor de una gran ruptura histórica terminó convertido, en buena medida, en un espacio de negociación entre grupos. La organización comenzó a parecerse más a aquello contra lo que había nacido que al proyecto que Cárdenas había imaginado.

El PRD, que durante décadas había sido una de las principales expresiones de la izquierda mexicana, terminó perdiendo su registro nacional en 2024. Cárdenas, en cambio, sobrevivió políticamente al partido que había ayudado a fundar. 

Y mientras el PRD desaparecía de la escena nacional, la figura de su fundador comenzó a adquirir una dimensión histórica que trascendía las siglas. Morena llegó al poder con López Obrador y posteriormente con Claudia Sheinbaum, pero muchos de los protagonistas de esa nueva izquierda habían iniciado su camino político dentro del cardenismo y del PRD.

Por eso, la muerte de Cuauhtémoc Cárdenas obliga también a revisar la historia del partido que nació de su lucha. 

El PRD le dio a Cárdenas una plataforma para disputar el poder, pero quizá no supo conservar el proyecto político que él ayudó a poner en marcha. 

Le falló no necesariamente porque haya traicionado a su fundador en un momento determinado, sino porque con el paso del tiempo perdió la capacidad de representar aquella aspiración original de construir una izquierda democrática, nacionalista, social y ética. 

El partido desapareció; Cárdenas permanece. Y esa diferencia quizá sea la forma más contundente de medir quién terminó sobreviviendo a quién.

Cuauhtémoc Cárdenas, a pesar de su partida, vivirá más allá de un PRD que perdió el rumbo, que se perdió en ambiciones personales.

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