José de la Paz Pérez /
Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano ha partido, pero la transformación política que ayudó a poner en marcha seguirá presente durante mucho tiempo en México.
Su nombre está ligado a uno de los momentos que cambiaron para siempre la vida política del país: la ruptura con el viejo régimen priista, la construcción de una izquierda electoral fuerte y la lucha por hacer de la democracia una realidad y no solamente un discurso.
En 1988, cuando el PRI parecía destinado a permanecer indefinidamente en el poder, Cárdenas Solórzano encabezó una rebelión política que puso en duda, por primera vez en muchos años, la permanencia del partido hegemónico. Aquella elección presidencial marcó a una generación y abrió una herida que todavía forma parte de la memoria política de México.
Cárdenas no llegó a la Presidencia. Pero después de 1988, México ya no volvió a ser el mismo.
De aquella lucha surgió en 1989 el Partido de la Revolución Democrática, el PRD, que durante décadas se convirtió en la principal fuerza electoral de la izquierda mexicana. Cárdenas fue su fundador y uno de sus principales referentes.
Su aportación no puede medirse solamente en votos, cargos o elecciones ganadas. Su verdadera importancia está en haber contribuido a romper la idea de que el PRI era invencible y que el poder presidencial tenía dueño permanente.
Eso cambió la política mexicana.
La llegada de la oposición al gobierno de la Ciudad de México, primero con el propio Cárdenas en 1997, y posteriormente la alternancia presidencial del año 2000, fueron parte de un proceso mucho más amplio: el debilitamiento del viejo sistema político que durante décadas había dominado al país.
Y años después ocurrió algo que Cárdenas debió considerar como resultado directo de aquella lucha: una fuerza política nacida de aquella izquierda llegó a conquistar la Presidencia de México.
Morena no es el PRD y su historia tampoco puede reducirse a Cárdenas. Pero sería una falsificación de la historia negar que una parte importante de quienes construyeron la izquierda que posteriormente desembocó en Morena pasaron por aquel movimiento que comenzó a tomar forma en 1988.
Por eso, la historia política del México actual tiene una deuda con Cuauhtémoc Cárdenas.
Le debe una parte de la pluralidad que hoy existe.
Le debe una parte de la competencia electoral que hoy damos por sentada.
Le debe haber ayudado a abrir un espacio para que millones de mexicanos que durante mucho tiempo no encontraron una opción política pudieran tenerla.
Y le debe algo todavía más importante: haber ayudado a demostrar que un régimen aparentemente eterno también puede ser derrotado por las urnas.
Cárdenas hizo política en tiempos difíciles. No tuvo las herramientas de comunicación que existen hoy. No tuvo redes sociales. No tuvo las estructuras políticas ni los recursos de los grandes partidos actuales.
Tuvo algo distinto: una convicción.
La convicción de que México podía cambiar. Y esa convicción contagió a una generación.
Después vinieron otros dirigentes, otros partidos, otras luchas y otras elecciones. La historia siguió su curso. La izquierda se dividió, se confrontó, perdió elecciones, volvió a levantarse y finalmente llegó al poder.
Pero nadie puede borrar los primeros pasos. Y uno de esos primeros pasos lleva el nombre de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano.
Por eso su muerte no debe entenderse solamente como la desaparición de un político de 92 años. Muere uno de los protagonistas de la transformación política que permitió que el México de hoy fuera posible.
Podrán discutirse sus decisiones. Podrán cuestionarse sus posiciones políticas. Podrán existir diferencias con su manera de entender el país. Pero hay algo que pertenece ya a la historia:
Cuauhtémoc Cárdenas ayudó a abrir la puerta de la actual democracia mexicana.
Otros cruzaron después esa puerta.
Otros llegaron al poder.
Otros construyeron nuevos partidos.
Pero él estuvo entre quienes se atrevieron a empujarla cuando parecía imposible abrirla. Y eso, para un país que durante décadas vivió bajo el dominio de un solo partido, no es poca cosa.
México cambió. Y Cuauhtémoc Cárdenas fue uno de los más importantes hombres que ayudaron a cambiarlo.

