Lo daban por muerto… pero el Pargo sigue vivo



José de la Paz Pérez / 

La contienda interna de Morena por Acapulco comienza a calentarse y, con ella, aparecen los viejos métodos de la política: posicionamientos, mediciones, operación territorial y, ahora, una creciente guerra en redes sociales.

El diputado Joaquín Badillo Escamilla ya puso el tema sobre la mesa al denunciar públicamente una campaña de ataques, calumnias y publicaciones negativas en su contra, particularmente desde que hizo públicas sus aspiraciones para encabezar la Coordinación Municipal de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional en Acapulco.

Pero detrás de esta historia hay una lectura política que comienza a cobrar fuerza.

Lo daban por muerto

Durante las últimas semanas, algunos actores políticos habrían interpretado que la llegada de Badillo a la Junta de Coordinación Política del Congreso de Guerrero significaba, prácticamente, su salida de la carrera por Acapulco.

La lógica parecía sencilla: si asumía una posición de enorme relevancia dentro del Poder Legislativo, se entendía que había optado por consolidar su proyecto en el Congreso y dejar para después —o definitivamente abandonar— sus aspiraciones por la alcaldía.

Pero ocurrió lo contrario.

El Pargo sigue en el agua.

Así le llaman políticamente a Badillo algunos de sus seguidores, y el apodo adquiere ahora un significado particular: lo daban por muerto, pero resulta que sigue vivo y nadando en fuertes corrientes del océano de la política.

Y cuando algunos pensaban que ya no competiría, su permanencia en la carrera habría cambiado nuevamente el tablero.

¿Y entonces comenzó el nado sincronizado en las redes sociales?

Es aquí donde las coincidencias llaman la atención.

La aparición o reactivación de numerosas páginas de Facebook dedicadas a publicar contenidos negativos contra Jacko Badillo ocurre precisamente cuando sus aspiraciones continúan vigentes.

No se trata solamente de una página aislada.

La revisión mencionada por el propio legislador identifica al menos una decena de espacios que, con distintos nombres, publican contenidos de ataque político y que en algunos casos utilizan fotografías, videos y materiales generados o modificados con inteligencia artificial.

Lo más llamativo es que algunas de esas páginas tienen pocos seguidores, pero sus contenidos registran alcances considerablemente mayores gracias a campañas de publicidad pagada.

Eso plantea una pregunta elemental:

¿Quién está poniendo dinero para que esos ataques lleguen a miles de acapulqueños?

Badillo no acusa directamente a ninguno de sus compañeros que han manifestado aspiraciones. Y hace bien.

Porque una cosa es observar una estrategia política y otra demostrar quién la ordenó, quién la diseñó y quién la pagó.

La disputa toma forma

La lista de aspirantes es amplia: Citlali Calixto Jiménez, Marco Tulio Sánchez Alarcón, Yoloczin Domínguez Serna, Leticia Lozano Zavala, Javier Taja Ramírez, Ricardo Salinas Méndez y Joaquín Badillo Escamilla, entre otros perfiles de Morena.

Todos tienen derecho a competir. Todos tienen derecho a buscar la encuesta.

Y todos deberían tener derecho a hacerlo en condiciones de equidad.

Precisamente por eso resulta relevante que Morena establezca en su convocatoria que quienes sean descubiertos realizando determinadas conductas de guerra sucia queden fuera del proceso.

La advertencia no es menor.

Si alguien pensó que colocando a El Pargo Badillo en la Junta de Coordinación Política del Congreso había quedado resuelto el problema de su eventual aspiración por Acapulco, quizá ahora esté descubriendo que el problema nunca estuvo resuelto.

El Pargo no se retiró.

La batalla apenas comienza

La política tiene una regla no escrita: mientras un aspirante conserve posibilidades reales, no puede darse por muerto.

Y Joaquín Badillo, guste o no, sigue apareciendo en el tablero.

Su presencia obliga a los demás aspirantes a competir con él y no sobre una suposición de que ya estaba fuera.

Por eso, la guerra sucia puede ser interpretada también como una señal política: cuando alguien comienza a recibir ataques coordinados, significa que alguien considera que representa una amenaza electoral.

El verdadero desafío será demostrarlo.

Lo que no debería ocurrir es que la elección del coordinador municipal termine reducida a una competencia de quién tiene más dinero para comprar publicidad negativa en Facebook.

Acapulco merece algo distinto.

El Pargo está vivo

La frase que circula en los pasillos políticos podría resumir el momento:

“Lo daban por muerto, pero el Pargo sigue vivo.”

Y mientras siga vivo políticamente, habrá competencia.

La Junta de Coordinación Política no significó necesariamente su retiro de la carrera. Por el contrario, su permanencia en el escenario podría estar obligando a los demás aspirantes a replantear estrategias.

Ahora habrá que observar algo más importante que los memes: quién crece en territorio, quién aparece en las mediciones y quién tiene realmente posibilidades de ganar la encuesta.

Porque en política, como en el mar, no siempre sobrevive el pez que parecía más grande. Sobrevive el que sabe moverse cuando cambia la corriente.

Y el Pargo, por lo visto, todavía sabe nadar.

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