José de la Paz Pérez /
*Por seis décadas, el Plan Marina ha acompañado a los mexicanos en huracanes, terremotos, inundaciones y otras emergencias; más que un operativo, se convirtió en un símbolo de auxilio, disciplina y confianza *De las fotografías en blanco y negro de los primeros rescates a las imágenes actuales de marinos entre el lodo, el agua y los escombros, hay una historia que permanece intacta: la de acudir en auxilio de quien lo ha perdido todo
Ciertamente, algunas imágenes no necesitan explicación.
Un marino cargando a un niño entre el agua. Una familia que abandona su casa después de una inundación. Un helicóptero descendiendo en una zona incomunicada. Elementos de la Armada caminando entre el lodo después de un huracán. Una mano extendida desde una embarcación. Una planta potabilizadora convirtiendo agua en esperanza.
Son imágenes que México ha visto una y otra vez durante generaciones.
Y detrás de muchas de ellas está el Plan Marina, que este año cumple seis décadas de haber sido formalizado institucionalmente como instrumento de auxilio a la población civil.
Pero la historia comenzó antes.
Desde 1955, la Armada de México ya organizaba acciones para atender a la población afectada por fenómenos naturales. En 1966 aquellas experiencias adquirieron una estructura institucional con el entonces denominado Plan de Auxilio a la Población Civil en Casos y Zonas de Desastre.
Con el paso de los años llegaría el nombre que hoy forma parte de la cultura de rescate heroico de los mexicanos: Plan Marina.
Sesenta años pueden medirse en cifras, fechas y operaciones. Pero también pueden medirse en recuerdos.
En la memoria de quienes vivieron el paso de un huracán y vieron llegar a los marinos. En la de quienes perdieron su vivienda por una inundación y recibieron alimentos, agua o atención médica. En la de quienes estuvieron atrapados después de un terremoto y escucharon que los equipos de rescate ya estaban trabajando.
Porque cuando ocurre una tragedia, el tiempo adquiere otra dimensión.
Las horas parecen interminables para quien espera ser localizado. La noche puede convertirse en angustia para una familia incomunicada. Un camino destruido puede significar aislamiento. Y en medio de esa incertidumbre, la llegada de un uniforme naval suele transmitir un mensaje sencillo pero poderoso:
“No están solos.”
De Hilda a Otis: seis décadas de memoria
El Plan Marina ha estado presente en algunos de los momentos más difíciles que ha enfrentado el país.
Huracanes como Hilda, México, Gilberto, Paulina, Ingrid y Manuel, y más recientemente Otis, forman parte de esa larga cronología de emergencias.
También estuvieron los marinos en los grandes terremotos de 1985 y 2017, en las inundaciones de Tabasco y Veracruz, y en otros episodios en los que comunidades enteras necesitaron ayuda para sobrevivir y comenzar nuevamente.
Cada desastre ha dejado una fotografía.
Algunas son modernas, nítidas, captadas por cámaras digitales y drones. Otras son imágenes granuladas, en blanco y negro, donde apenas se distinguen los rostros y los uniformes.
En 1970 se creó la primera Brigada de Rescate. Después del terremoto de 1985, la participación de la Armada se incorporó al Sistema Nacional de Protección Civil. En 2020 surgió el equipo USAR MARINA, especializado en búsqueda y rescate urbano.
Y en 2021 las operaciones de apoyo civil quedaron integradas al Plan Marina, consolidando un mecanismo nacional de respuesta cada vez más especializado.
La tecnología cambió; la misión no
Quizá una de las mayores transformaciones de estos 60 años está en la tecnología.
Los marinos de las primeras décadas no contaban con drones, sistemas modernos de comunicación satelital ni equipos especializados como los que existen actualmente.
Hoy el Plan Marina dispone de buques logísticos, embarcaciones de búsqueda y rescate, helicópteros, aeronaves de transporte, cocinas móviles, plantas potabilizadoras, maquinaria pesada, vehículos todo terreno y equipos especializados.
También cuenta con aeronaves no tripuladas y sistemas de comunicación que permiten conocer desde el aire y a distancia lo que ocurre en una comunidad afectada.
Sin embargo, detrás de toda esa tecnología sigue existiendo lo fundamental: el ser humano que decide ir al encuentro de otro ser humano en medio de una emergencia.
Porque un dron puede localizar a una persona. Pero alguien tiene que ir por ella.
Una aeronave puede llevar ayuda. Pero alguien tiene que descender.
Una planta puede producir agua potable. Pero alguien tiene que hacerla llegar a quienes la necesitan.
La confianza se construye en las emergencias
Para muchos mexicanos, la Marina representa una de las instituciones a las que se recurre cuando la situación rebasa las capacidades ordinarias.
Y esa confianza no se construyó de un día para otro. Se ha construido durante décadas, precisamente en los momentos más difíciles.
Quizá por eso las imágenes del Plan Marina tienen una fuerza particular.
Las fotografías antiguas nos muestran un México diferente: calles sin pavimentar, vehículos de otra época, embarcaciones pequeñas, uniformes distintos, herramientas rudimentarias.
Las fotografías actuales muestran helicópteros, drones, vehículos especializados, equipos USAR, maquinaria pesada y sistemas de comunicación de última generación.
Pero entre una fotografía y otra hay un mismo protagonista: el marino auxiliando a la población.
Ese es, quizá, el verdadero significado de estos 60 años.
No solamente la evolución de un plan operativo, sino la permanencia de una misión.
Guerrero lo sabe
En un estado como Guerrero, acostumbrado a convivir con el mar, las montañas y los fenómenos meteorológicos, esa historia tiene un significado todavía más profundo.
Aquí, los huracanes no son solamente nombres en los mapas meteorológicos. Son recuerdos.
Son calles convertidas en ríos, comunidades incomunicadas, viviendas destruidas y familias esperando ayuda.
Otis, en octubre de 2023, volvió a colocar esa realidad frente a los ojos del país. Acapulco quedó devastado y miles de personas necesitaron ayuda.
En medio de aquella emergencia volvieron a aparecer las imágenes que durante décadas han acompañado al Plan Marina: marinos rescatando personas, distribuyendo ayuda, trasladando víveres, apoyando en la limpieza, restableciendo servicios y recorriendo zonas donde el desastre había cambiado completamente el paisaje.
Y entonces las fotografías antiguas adquirieron un nuevo significado.
Porque al colocar una imagen de hace décadas junto a otra de nuestros días, se descubre algo sorprendente: México ha cambiado. La tecnología ha cambiado. Los desastres han cambiado. Pero la necesidad de ayudar sigue siendo la misma.
Sesenta años después, el Plan Marina no es solamente un conjunto de protocolos, vehículos, aeronaves y equipos especializados. Es parte de la memoria de México.
Una memoria construida con miles de historias anónimas: personas rescatadas, familias auxiliadas, comunidades abastecidas y vidas que pudieron continuar después de la tragedia.
Por eso, cuando la próxima tormenta se forme en el océano, cuando vuelva a temblar la tierra o cuando una comunidad quede atrapada por el agua, habrá algo que los mexicanos reconocerán inmediatamente.
El uniforme. La bandera. La embarcación. El helicóptero.
Y esa presencia que, durante seis décadas, ha llegado una y otra vez cuando más se necesita.
El Plan Marina pertenece a esa memoria.
Sesenta años después, su historia continúa escribiéndose.
