Morena Guerrero en 2027: candidato ganador o candidata de control


José de la Paz Pérez

*El partido en el poder se juega la elección de Guerrero 2027 en su propia interna, no en las urnas  *La contienda se definirá entre perfiles como Félix Salgado Macedonio y Beatriz Mojica Morga, o con el factor de equilibrio que representan figuras como Esthela Damián Peralta

En Guerrero, la oposición no está en la boleta. Está en pausa. Fragmentada, desdibujada, sin discurso ni liderazgo visible. Por eso, la elección de 2027 no se va a decidir en las urnas, sino mucho antes: en la mesa donde Morena elija a su candidato.

Ahí está el verdadero campo de batalla.

Porque Morena no enfrenta un problema electoral. Enfrenta un problema de poder. Y como suele ocurrir cuando un partido domina, el riesgo no es perder… es equivocarse en la forma de ganar.

Hoy, el dilema tiene nombre y apellido.

Por un lado, Félix Salgado Macedonio. El candidato incómodo, pero efectivo, popular, que arrastra. El que tiene territorio, estructura y una base que no se simula en encuestas: se moviliza. En términos estrictamente electorales, es la opción más sólida. El que convierte simpatía en votos y votos en victoria.

Pero también es el que abre frentes. El que divide. El que obliga a Morena a defenderse en lugar de avanzar. Su candidatura no sería una campaña local, sería una discusión nacional. Y en política, cuando dejas de hablar de tu agenda para explicar tus problemas, ya empezaste a perder algo, aunque ganes la elección.

Del otro lado está Beatriz Mojica Morga. La candidata que no genera ruido, la que no obliga a apagar incendios, la que permite a Morena mantener el control de los temas políticos. Es el tipo de perfil que se construye pensando en gobernar, no sólo en ganar.

Pero la política no se mueve sólo con lógica. También se mueve con energía. Y ahí está su límite: Mojica no arrastra, no sacude, no enciende. Representa estabilidad, sí, pero también corre el riesgo de representar tibieza en un terreno donde la movilización lo es todo.

Entre ambos perfiles no hay una opción perfecta. Hay una decisión estratégica.

Elegir a Félix es elegir la fuerza contundente en las urnas, pero con costo.

Elegir a Beatriz es elegir el control con riesgo en las urnas.

Y en medio de ese dilema aparece el verdadero factor que definirá todo: el centro. Porque en Morena, como en todo partido en consolidación, las decisiones clave no se toman únicamente en el territorio. Se procesan en una lógica nacional, donde Guerrero es una pieza más de un tablero más grande.

Ahí es donde figuras como Esthela Damián Peralta entran en la estrategia. No porque sea la más competitiva, sino porque representan algo más poderoso: la capacidad de destrabar conflictos cuando el partido no logra ponerse de acuerdo consigo mismo.

Ese es el fondo del problema.

Morena no está decidiendo quién puede ganar Guerrero. Está decidiendo cómo quiere llegar a esa victoria: cohesionado o tensionado, ordenado o polarizado, fuerte o desgastado.

Porque hay una verdad que pocos dicen en voz alta: en Guerrero, Morena puede ganar incluso en condiciones adversas. Lo que no puede garantizar es gobernar sin costos si llega dividido.

Y ahí está el verdadero riesgo.

Si impone una candidatura sin integrar al otro bloque, tendrá un partido que compite… pero no camina junto.

Si apuesta por el perfil más rentable electoralmente, tendrá que administrar el desgaste más allá del estado.

Si elige al perfil más estable, tendrá que compensar la falta de impulso con operación política fina.

No hay salida sin costo.

Por eso, la decisión que viene no será técnica ni democrática en sentido estricto. Será política. Fría. Calculada. Y probablemente tomada lejos de Guerrero.

Al final, Morena tendrá que decidir cómo llega al poder: elegirá al más fuerte… o al menos conflictivo.

Y en esa diferencia, que parece sutil, está todo.

Porque en 2027, en Guerrero, la pregunta no será quién gana.

Será qué versión de Morena llega al poder.

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