Desigualdad, la raíz ignorada de la violencia en Acapulco: Irugami Perea


José de la Paz Pérez

En Acapulco, la discusión sobre la violencia suele reducirse a operativos, cifras y despliegues federales. 

Sin embargo, el diputado federal de Morena, Irugami Perea Cruz, ha planteado una tesis que reordena el debate: la violencia no es la causa, sino la consecuencia de una desigualdad estructural que durante años dejó en abandono a colonias enteras del puerto. 

El señalamiento obliga a mirar más allá del síntoma y concentrarse en el origen.

No se trata de una consigna ideológica aislada, sino de un enfoque que coincide con diagnósticos académicos y de política pública: cuando el acceso a servicios básicos es precario, el tejido social se debilita. 

Colonias sin agua potable constante, con calles deterioradas, sin alumbrado y con transporte público costoso generan frustración cotidiana. Ese deterioro de la calidad de vida impacta en el ánimo social y abre espacio a dinámicas de descomposición, sostiene Perea Cruz.

El puerto arrastra un modelo urbano desigual: inversión constante en la franja turística y rezagos persistentes en la periferia. Durante décadas se apostó a que el dinamismo económico del turismo produciría una “derrame” natural hacia las zonas populares. 

La realidad demuestra que ese efecto ha sido limitado. La ciudad creció con dos ritmos distintos, y esa brecha se convirtió en un factor de vulnerabilidad social.

El legislador federal sostiene que la transformación no puede concentrarse en la postal turística, por estratégica que sea para la economía local. Plantea empleo, educación, deporte, cultura y servicios públicos dignos como ejes de una política de fondo. 

La propuesta es clara: mejorar el entorno material de las familias es condición para modificar el entorno social. La interrogante es si esa visión se traducirá en agenda presupuestal concreta.

Su cercanía política con la presidenta Claudia Sheinbaum y su experiencia personal en colonias populares fortalecen su discurso, pero también elevan la expectativa. El capital simbólico de haber vivido carencias conecta con amplios sectores del puerto; el reto es convertir esa legitimidad en resultados medibles y sostenidos en el tiempo.

La violencia en Acapulco es un fenómeno complejo y multifactorial, donde confluyen desigualdad, crimen organizado, debilidad institucional e impunidad. Reducirla exclusivamente a un solo factor sería simplista. 

Pero ignorar la brecha social sería igualmente irresponsable. Si el debate público logra desplazarse del control reactivo hacia la prevención estructural, el puerto podría comenzar a corregir un rezago histórico que hoy pasa factura en seguridad y cohesión social, afirma el diputado federal Irugami Perea Cruz.

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