José de la Paz Pérez /
*La nueva coordinadora de Morena en Guerrero entendió algo elemental: ganar la encuesta no significa tener el control de todo el movimiento. Por eso, en lugar de cerrar filas únicamente con los suyos, comenzó a buscar a quienes estuvieron del otro lado
En la vida... y particularmente en la política, hay una diferencia enorme entre ganar y saber qué hacer después de ganar. La primera parte puede resolverse con una encuesta, una votación o una decisión de partido.
La segunda requiere algo mucho más complicado: cabeza fría. Y es justamente ahí donde Beatriz Mojica Morga está jugando sus primeras cartas como coordinadora de los Comités de Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional en Guerrero.
Porque después de ganar la definición interna de Morena, no hizo lo que muchos políticos acostumbran hacer después de una victoria: rodearse solamente de los suyos. Hizo lo contrario. Empezó a buscar a los que habían competido contra ella. Y eso dice mucho.
La cicatriz no se cura sola
En la contienda participaron 17 aspirantes. Diecisiete proyectos, equipos, grupos, simpatías y aspiraciones. Era lógico que después del resultado hubiera molestia en algunos sectores.
Abelina López cuestionó el proceso. Rubén Cayetano también expresó desacuerdos. Otros participantes tenían sus propias expectativas.
La receta tradicional habría sido sencilla: “Ganamos. Ahora vamos con los nuestros”.
Mojica escogió otra. “Vamos a hablar con todos”. Y comenzó a hablar con ellos.
Félix Salgado, Esthela Damián, Javier Saldaña, Rogelio Ortega, Alberto López Rosas, Iván Hernández, Aidé Ibarez, Zeferino Gómez, Marcial Rodríguez, Abelina López.
Éstos, y otros actores y equipos que participaron, de una u otra manera, en la contienda interna. No todos han dicho lo mismo ni todos tienen la misma posición. Pero están hablando. Y después de una contienda interna, hablar ya es una ganancia política.
La fotografía no es lo importante
Por supuesto, cualquiera puede reunirse con cualquiera. Una fotografía no significa necesariamente un acuerdo. Eso hay que decirlo. Lo interesante está en lo que ocurre después.
En varios de estos encuentros aparecen equipos, estructuras territoriales y grupos que acompañaron a los distintos aspirantes. Y ahí cambia la historia.
Porque una cosa es decir: “Yo apoyo a Beatriz”. Y otra muy distinta es decir: “Vamos a trabajar juntos”. La segunda frase tiene consecuencias.
Significa territorio.
Significa organización.
Significa gente.
Significa capacidad para tocar puertas, recorrer colonias, comunidades y municipios. Y, sobre todo, significa que aquellos que ayer tenían proyectos distintos pueden empezar a construir uno común.
Abelina: donde estaba la herida
Si hay un encuentro que explica mejor esta operación cicatriz es el de Beatriz Mojica con Abelina López. No hay que darle vueltas. Ahí había diferencias.
La alcaldesa había cuestionado el resultado de la contienda interna. No era precisamente el encuentro más cómodo. Pero ocurrió.
Y con la intervención de la dirigencia nacional de Morena se abrió un espacio para el diálogo. Eso no quiere decir que hayan desaparecido las diferencias. Quiere decir que las diferencias no cerraron la puerta.
Y eso es políticamente importante. Porque la unidad verdadera no consiste en que todos piensen igual. Eso no existe.
La unidad consiste en que, aun pensando diferente, exista capacidad para sentarse a la misma mesa.
Mojica parece haber entendido algo
Hay una regla no escrita de la política: el que llega a la cima necesita a quienes también saben caminar el camino.
Ningún político, por fuerte que sea, tiene todos los votos, todos los contactos, toda la estructura y todo el territorio. Cada grupo tiene algo.
Uno tiene presencia en Acapulco. Otro conoce la Costa Chica. Otro tiene trabajo en la Sierra. Otro tiene relación con sectores sociales. Otro tiene estructura electoral. Otro tiene experiencia de gobierno. Otro tiene presencia entre jóvenes. Otro conoce la organización partidista.
Por eso, cuando Mojica Morga habla de incorporar las capacidades de los demás, no está hablando solamente de buenos modales. Está hablando de política. De organización. De poder territorial.
Sin aplastar
Y aquí aparece la característica que más llama la atención de esta primera etapa.
Mojica no parece estar intentando demostrar quién ganó y quién perdió.
Al menos hasta ahora, su discurso no ha sido el de: “Yo gané y ustedes perdieron”. Su mensaje ha sido otro: “Ya pasó la contienda. Ahora hay que trabajar”.
Parece sencillo. Pero no lo es. Porque después de una competencia política siempre quedan cuentas pendientes, heridas y egos.
Y una de las formas más rápidas de destruir una estructura es hacer sentir a los derrotados que ya no son necesarios. Mojica está intentando hacer exactamente lo contrario.
Reconocerlos.
Escucharlos.
Y, cuando existe disposición, incorporarlos.
La verdadera prueba viene después
Pero aquí está el punto que no debemos perder de vista.
La operación cicatriz apenas comienza. Las fotografías y las declaraciones de unidad son solamente el principio. La verdadera prueba llegará cuando comiencen las decisiones difíciles.
Cuando diferentes grupos quieran el mismo espacio.
Cuando alguien considere que recibió menos de lo que aportó.
Cuando vuelvan a aparecer los intereses personales.
Ahí sabremos si la unidad que hoy se proclama puede convertirse en una unidad real.
Porque cualquiera puede hablar de unidad cuando todo está tranquilo. La verdadera habilidad política se demuestra cuando aparecen los problemas.
No excluir, la forma de unir
Mojica tiene ahora una oportunidad: Puede construir una coordinación basada exclusivamente en quienes la acompañaron desde el principio. O puede construir algo más amplio. Los hechos de las recientes semanas indican que está intentando lo segundo.
Y eso explica la cantidad de reuniones que ha sostenido en tan poco tiempo.
No se trata solamente de coleccionar respaldos. Se trata de entender quién es quién dentro del movimiento.
Quién tiene estructura.
Quién tiene territorio.
Quién tiene experiencia.
Quién tiene capacidad de convocatoria.
Quién está dispuesto a trabajar.
Y también quién mantiene diferencias. Eso es hacer política. Escuchar incluso al que no está de acuerdo.
La apuesta es 2027
No hay que perder de vista el horizonte. Todo esto ocurre rumbo a 2027. La elección todavía está adelante. Por eso, la operación cicatriz tiene sentido.
Morena no solamente necesita un coordinador o una coordinadora. Necesita llegar al proceso electoral con una estructura suficientemente cohesionada para enfrentar una competencia que, previsiblemente, será intensa.
Y para eso no basta con los seguidores de una persona. Se necesita sumar.
Sumar a los que estuvieron con Esthela.
Sumar a los que caminaron con Javier.
Sumar a los que acompañaron a Marcial.
Sumar a quienes respaldaron a Abelina.
Sumar a quienes estuvieron con Rogelio, Alberto, Zeferino, Iván, Aidé y los demás participantes.
Pero hay una condición: sumar no debe significar someter. Y ahí está precisamente el desafío.
La política de puertas abiertas
Por ahora, Beatriz Mojica parece estar apostando por una fórmula sencilla:
No avasallar.
No excluir.
No cobrar facturas.
Escuchar.
Reconocer.
Y sumar.
¿Funcionará?
Eso todavía está por verse. Sería demasiado pronto para decir que la operación cicatriz ya fue un éxito.
Pero sí podemos decir algo: la cicatriz ya comenzó a cerrarse porque Beatriz decidió no echar sal a la herida. Y esa puede ser, hasta ahora, una de las señales políticas más interesantes de Morena en Guerrero.
La contienda interna ya terminó. Ahora viene lo difícil. Una vez sentados todos a la mesa, encontrar coincidencias, resolver diferencias y construir un proyecto en el que nadie tenga que renunciar a su historia para poder caminar hacia el mismo destino.
Porque Beatriz Mojica ya obtuvo una posición.
Ahora tendrá que demostrar algo mucho más complicado: que puede convertir una victoria individual en una fuerza colectiva, la fuerza que busca obtener un triunfo conbtundente en 2027.
