José de la Paz Pérez /
*La designación de Beatriz Mojica como coordinadora estatal de la transformación dejó una certeza y varias interrogantes: Morena ya tiene quién encabece el proyecto, pero no todos los que buscaban esa posición están dispuestos a caminar detrás de ella
Beatriz Mojica Morga ganó la encuesta de Morena, pero la verdadera prueba de su triunfo comenzó apenas terminó el acto en el que fue presentada como coordinadora de los Comités de Defensa de la Transformación en Guerrero.
Porque una cosa es ganar una encuesta y otra, muy distinta, conseguir que quienes perdieron acepten que el proyecto ahora tiene una nueva cabeza.
Las primeras horas posteriores al anuncio dejaron ver que la operación cicatriz no será sencilla.
Abelina López Rodríguez decidió no participar en el ritual de las felicitaciones. Su reacción fue directa, desafiante y, políticamente, significativa. “Ganaron las encuestas de papel, pero yo tengo la encuesta real”, dijo, presumiendo una fuerza territorial que, asegura, posee.
Pero la frase que más debe preocupar a la nueva coordinadora fue otra: quienes festejan, dijo Abelina, estarían celebrando “la crónica de una muerte anunciada”.
No parece el lenguaje de quien está dispuesto a aceptar los resultados.
Abelina perdió la encuesta, pero dice tener su tesoro político: una estructura política propia, una base territorial y una presencia particularmente fuerte en Acapulco.
Y eso convierte su inconformidad en un asunto que Morena no puede despachar simplemente como el berrinche de una aspirante derrotada, como parece.
Cayetano tampoco se disciplina
Rubén Cayetano García fue todavía más lejos.
El exdiputado y fundador de Morena cuestionó la legitimidad política del procedimiento y afirmó que “triunfa el cacicazgo en Guerrero”. También calificó a Mojica Morga como “una mujer de derecha” y anunció que convocará a sus bases para determinar qué camino seguir.
Aquí aparece otro problema para Morena.
Cayetano no está planteando únicamente una inconformidad personal. Está intentando convertir el resultado en una discusión sobre qué Morena debe prevalecer en Guerrero: el partido de los fundadores y de quienes participaron en su construcción o un partido que, con el crecimiento electoral, ha incorporado a personajes y grupos provenientes de otras corrientes políticas.
Esa discusión puede parecer interna, pero tiene consecuencias electorales.
Porque una candidatura puede resistir a un adversario externo. Lo que resulta mucho más complicado es enfrentar a quienes, desde dentro del mismo movimiento, consideran que la candidatura no representa aquello por lo que ellos dicen haber luchado.
Los que sí entendieron el mensaje
En el otro extremo aparecen Esthela Damián Peralta, Javier Saldaña Almazán e Iván Hernández Díaz.
Damián reconoció el resultado, felicitó a Mojica y dejó claro que su compromiso con Morena no depende de ocupar una posición.
Saldaña también aceptó la decisión y anunció que continuará participando dentro del movimiento.
Iván, aparte de aceptar los resultados, hizo un llamado a la unidad dentro del partido, al tiempo que agradeció a quienes respaldaron su participación.
Son señales importantes.
En política, perder una candidatura no necesariamente significa perder el futuro. Damián y Saldaña parecen haber entendido que la política no termina con una encuesta y que todavía hay posiciones, negociaciones y espacios que se definirán en el camino hacia 2027.
Por eso sus reacciones son mucho más que simples muestras de disciplina partidista: son movimientos de ajedrecistas políticos.
Y luego está el silencio
Hay otro elemento que no debe perderse de vista: los silencios.
Otros ex aspirantes no han manifestado postura.
Pero hasta ahora, uno de los más llamativos es el de Félix Salgado Macedonio.
No existe, al menos públicamente, una declaración contundente que permita afirmar que el senador rechaza a Mojica. Tampoco sería correcto convertir el silencio en una ruptura.
Pero en política, especialmente en un proceso sucesorio, los silencios también comunican.
Félix Salgado sigue siendo uno de los actores con mayor peso dentro del morenismo guerrerense. Por eso será importante observar qué hace y qué dice en los próximos días.
Mojica necesita algo más que una encuesta
El problema de Beatriz Mojica es que ya no tiene que convencer a los ciudadanos de que ganó.
Tiene que convencer a los morenistas de que su triunfo puede convertirse en un proyecto colectivo.
Y para conseguirlo tendrá que hacer política.
Tendrá que hablar con Abelina. Tendrá que escuchar a Cayetano. Tendrá que mantener cerca a quienes aceptaron el resultado. Tendrá que evitar que los grupos que hoy están inconformes encuentren puntos de coincidencia suficientes para convertirse en una corriente de resistencia.
Porque si algo enseñan las sucesiones políticas es que una derrota electoral no elimina a un grupo. Lo obliga a reorganizarse.
Abelina dice tener una base. Cayetano tiene un discurso de inconformidad y un sector de fundadores que puede identificarse con él.
Otros aspirantes cuentan con estructuras políticas, territoriales o institucionales. Y detrás de todos ellos existen intereses que inevitablemente comenzarán a acomodarse en función de 2027.
La operación cicatriz será la primera prueba
Bety Mojica llega a la coordinación con una ventaja evidente: es la persona que Morena decidió colocar al frente del proyecto.
Pero llega también con una tarea monumental: demostrar que puede encabezar un movimiento que no pertenece exclusivamente a quienes votaron por ella en la encuesta.
De ahí que su mensaje de que “nadie sobra” tenga que pasar de las palabras a los hechos.
La operación cicatriz no consistirá en tomarse fotografías juntos.
Consistirá en repartir responsabilidades, abrir espacios, negociar diferencias y, sobre todo, impedir que la inconformidad se convierta en ruptura.
Y hay una fecha que estará en la mente de todos: 2027.
Porque a partir de ahora cada movimiento tendrá doble lectura.
Una reunión será una reunión, pero también podrá ser una señal de alineamiento.
Una ausencia será una ausencia, pero también podrá interpretarse como distancia.
Una crítica será una crítica, pero podría convertirse en el principio de una rebelión.
Y una fotografía junto a Beatriz Mojica podría ser el primer paso hacia una reconciliación política.
La encuesta ya terminó.
Ahora comienza la verdadera batalla: conseguir que los derrotados acepten la victoria de la ganadora sin renunciar a su propia fuerza política.
Y en Morena Guerrero, por lo visto en estas primeras horas, todavía hay quienes no parecen dispuestos a hacerlo.
