Dos años después: la consolidación de Sheinbaum y el nuevo mapa del poder en México

José de la Paz Pérez /  

Dos años después de aquella jornada electoral del 2 de junio de 2024, cuando millones de mexicanos llevaron a Claudia Sheinbaum a convertirse en la primera mujer presidenta de la República, la escena observada este fin de semana en la Ciudad de México, y en todo el país, dejó una conclusión difícil de ignorar: 

El movimiento político que inició Andrés Manuel López Obrador no solo sobrevivió a la sucesión presidencial, sino que encontró en Sheinbaum una figura capaz de conservar la cohesión interna, mantener el respaldo popular y proyectar una nueva etapa de poder.

La concentración realizada en el Monumento a la Revolución no fue una campaña electoral ni un informe de gobierno. Fue algo más profundo: una demostración política cuidadosamente construida para enviar mensajes simultáneos a distintos destinatarios.

El primer mensaje estuvo dirigido a la militancia de Morena. 

Durante meses, analistas y opositores especularon sobre la posibilidad de fracturas internas derivadas de la transición presidencial. Sin embargo, la imagen de gobernadores, legisladores, dirigentes partidistas y miles de simpatizantes reunidos en torno a la figura presidencial mostró una estructura política que, al menos públicamente, permanece alineada.

El segundo mensaje estuvo dirigido a la oposición. 

Mientras los partidos opositores continúan buscando una narrativa capaz de conectar con amplios sectores de la población, Morena exhibió capacidad de movilización territorial en prácticamente todo el país. Los actos simultáneos realizados en diversas entidades federativas reflejaron que el partido gobernante conserva una maquinaria política que sigue funcionando con eficacia.

Pero quizá el mensaje más importante fue para el propio sistema político mexicano.

Durante décadas, el presidencialismo mexicano se caracterizó por concentrar el poder en una sola figura. La alternancia democrática modificó parcialmente esa realidad, fragmentando la influencia política entre distintos actores. 

Sin embargo, los acontecimientos recientes sugieren que México vive una nueva etapa de concentración de liderazgo, aunque bajo características distintas a las del pasado.

Sheinbaum no gobierna únicamente desde la investidura presidencial; gobierna también desde una legitimidad electoral contundente y desde una base social que continúa identificándose con los principios de la Cuarta Transformación. 

Esa combinación le otorga una fortaleza política que pocos presidentes habían conservado a la mitad de sus primeros dos años de gestión.

La trascendencia de esta conmemoración radica precisamente ahí. No se trató solamente de recordar una victoria electoral. Fue una ratificación simbólica del mandato político que recibió en las urnas.

Al observar las imágenes de la Plaza de la República repleta, resulta inevitable recordar que las elecciones de 2027 ya comenzaron, aunque todavía falte tiempo para acudir nuevamente a las urnas. 

Morena entiende que mantener el discurso de continuidad será fundamental para conservar la mayoría política que hoy posee. La oposición, por su parte, enfrenta el desafío de construir una alternativa capaz de competir contra un movimiento que continúa dominando la conversación pública.

Por eso el aniversario del triunfo electoral de Sheinbaum tiene una dimensión que trasciende la celebración partidista. Marca el inicio de una nueva fase del sexenio. Los primeros dos años estuvieron dedicados a consolidar el gobierno; los siguientes estarán enfocados en preservar el proyecto político más allá de 2030.

La presidenta también aprovechó el momento para reforzar conceptos que se han convertido en pilares de su discurso: soberanía nacional, programas sociales, fortalecimiento del Estado y continuidad de la transformación iniciada en 2018. 

Son temas que buscan mantener cohesionada a su base electoral y que delinean la ruta ideológica que Morena pretende seguir durante los próximos años.

La historia política mexicana enseña que las plazas llenas no siempre garantizan victorias futuras. Sin embargo, también demuestra que ningún proyecto político puede aspirar a mantenerse vigente sin capacidad de movilización y sin conexión emocional con sus simpatizantes.

Dos años después de su triunfo, Claudia Sheinbaum mostró que conserva ambas.

La pregunta ya no es si logró asumir el liderazgo de su movimiento. La respuesta parece estar a la vista. La verdadera interrogante es hasta dónde llegará ese liderazgo y qué impacto tendrá en la configuración política de México durante la próxima década.

Por ahora, la imagen que deja este segundo aniversario es clara: Morena sigue siendo la principal fuerza política del país y Sheinbaum se ha convertido en el centro de gravedad de esa fuerza. Lo ocurrido en la Ciudad de México y en todo el país no fue únicamente una celebración del pasado; fue una declaración de intenciones sobre el futuro.

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