Rocha: el regreso al poder... pero sin poder



José de la Paz Pérez

Algunos deslindes políticos parecen simples comunicados, pero otros dicen mucho más de lo que escriben sus palabras. El pronunciamiento firmado por las 23 gobernadoras y gobernadores de la Cuarta Transformación para marcar distancia de Rubén Rocha Moya pertenece a los segundos. 

No se trata solamente de pedirle “madurez y responsabilidad”. El mensaje de fondo es mucho más fuerte: Rocha tomó una decisión por su cuenta y el movimiento gobernante no quiere cargar con el costo político de esa decisión.

El gobernador de Sinaloa regresó este viernes al cargo después de 112 días de licencia, durante los cuales estuvo sujeto a investigaciones derivadas de señalamientos formulados en Estados Unidos sobre presuntos vínculos con el narcotráfico. 

Rocha sostiene que las autoridades mexicanas no encontraron elementos que acrediten un delito y regresó afirmando que lo hace “con la frente limpia”. 

Pero el problema político no termina con lo que diga una investigación. En política, también importa quién está dispuesto a poner la cara contigo. Y hoy, prácticamente todo el bloque gobernante está diciendo que no pondrá la suya.

La frase más importante del comunicado quizá no sea la petición de “madurez”, sino aquella que establece que “las decisiones individuales jamás estarán por encima del proyecto colectivo ni del mandato ciudadano”

Traducido al lenguaje de la calle: nadie, por importante que sea, puede hacer lo que quiera y después esperar que todo el partido salga a defenderlo. 

Morena también se deslindó y aseguró que no conoció previamente la decisión de Rocha. Incluso Ricardo Monreal pidió al gobernador reconsiderar su regreso y solicitar nuevamente licencia para permitir que concluyan las investigaciones.

Aquí aparece la verdadera dimensión del asunto. Rocha no solamente enfrenta un problema jurídico; enfrenta un problema de aislamiento político. Y eso puede ser mucho más delicado para un gobernador. 

Mientras él sostiene que tiene derecho a regresar porque fue elegido por los sinaloenses, Morena, el Gobierno federal y los gobernadores morenistas están tratando de dejar perfectamente claro que su regreso no fue una decisión tomada por la Presidenta Claudia Sheinbaum ni por el partido. 

El mensaje parece dirigido tanto a Rocha como a la sociedad: si esto sale mal, que quede claro que él decidió solo.

¿Y qué puede venir ahora? 

-Primero, una mayor presión política para que Rocha vuelva a separarse del cargo mientras continúan las investigaciones. 

-Segundo, un deterioro de su capacidad para negociar dentro de Morena: un gobernador sin respaldo de su propio partido tiene menos margen para imponer decisiones y menos fuerza para enfrentar crisis. 

-Tercero, cada nueva información que surja sobre las investigaciones tendrá un impacto político mayor, porque ya no habrá un bloque oficialista dispuesto a cerrar filas automáticamente con él.

Pero hay algo todavía más importante. 

Este episodio puede convertirse en una prueba para la propia Cuarta Transformación. 

Durante años, uno de sus principales argumentos políticos ha sido que el poder debe estar al servicio del pueblo y que nadie debe estar por encima de las instituciones. Ahora tiene enfrente un caso que pone esas palabras a prueba. 

Si las investigaciones no encuentran nada contra Rocha, deberá quedar claro y deberá respetarse su derecho. Pero si aparecen elementos que comprometan su responsabilidad, el gobierno y Morena tendrán que demostrar que sus principios valen más que la protección a un compañero de partido.

Por eso el deslinde de los gobernadores no debe verse únicamente como una pelea interna entre políticos. Es también una señal de disciplina política dentro de Morena. 

Los gobernadores están cerrando filas con Claudia Sheinbaum y están diciendo que el proyecto está por encima de cualquier persona. 

Y eso tiene una lectura sencilla para la gente: Rocha puede haber recuperado la silla de gobernador, pero políticamente acaba de perder algo mucho más importante: el respaldo de quienes hasta ayer caminaban a su lado.

El tiempo dirá si este aislamiento es temporal o si termina convirtiéndose en una ruptura definitiva. Lo cierto es que, desde hoy, Rubén Rocha Moya gobierna Sinaloa en una circunstancia inédita: está de regreso en el Palacio de Gobierno, pero con buena parte de su propia familia política diciéndole que el regreso fue asunto suyo. 

Y en política, cuando los tuyos empiezan a tomar distancia públicamente, generalmente es porque ya están pensando no en cómo salvarte, sino en cómo evitar que tu problema termine afectándolos a ellos.

Artículo Anterior Artículo Siguiente

Lo nuevo